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ESTA tarde te vi. Un remolino

y la distancia interpuesta. Arrastrabas

el tiempo. Venías

de los más vivos caminos

de los sueños. Sonaron

tus pasos cerca del horizonte.

 

Al alejarte,

mi nostalgia se convirtió

en una pequeña tiranía .

 

SEA por ti el desorden

y el nácar en la lengua. No

la urgencia rebelde

que nos cerca y nos olvida. Deja

que tu piel sea lentisco,

sea jara y romero.

 

Sea tomillo, sea palabras

y sea memoria. Deja

que este febrero tan frío

sea milagro,

como nido, como deseo.

 

Que el impudor nos acose.

 

Sepa a noches. Sepa a mirra.

Que tu boca como uvas.

 

Y levadura tu cuerpo.

 

(De Las noches del Sur)

 

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RESULTA que descubres
la palabra mayo
y esperas las estaciones
como una verdad.

Luego, la ciudad
muestra su faz envejecida,
la multitud envolvente,
la calle inmensa que desanda los pasos...

(Al declinar la tarde
vi al hombre del fez
y a la mujer de los zarcillos,
y supe por qué, extrañamente,
se ama la distancia).

 

 

DEBES creerme:

yo conozco otra ciudad

de apenas media luz.

 

De ropas como banderas

en los balcones.

 

Historias imposibles, un cielo sin consuelo

y días que humedecen.

 

Yo sé que este aire fronterizo

no arrastrará olores,

ni la rancia charlatanería de los trileros.

 

Mujeres en los portales,

soledad y cuatro palabras pobres

que se exilian: tal la vida

camino de La Rambla.

 

 

 
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