EN SILENCIO Y CON CALMA
Cuando esta noche regreses y
no me encuentres,
desvístete en silencio y con calma.
No prendas la luz,
no hables muy fuerte;
que nadie sepa la verdad,
que la muerte no se entere;
lloverán lunas para aliviar tu soledad.
Y afuera nada deja de empeorar:
las bombas siguen estallando en Irak,
un muro se levanta en Israel,
los niños buscan padre en Afganistán.
Pero no preguntes más,
ya debemos huir,
sin Mesías por resucitar,
el Mar Rojo no se abrirá.
Sólo nos queda este amor sobrenatural
para escapar antes del amanecer,
antes de sus cadenas,
de sus promesas de paz.
En silencio y con calma,
trepará la guerra por nuestra ventana.

LOS DÍAS SIN JULIO
En este tiempo no supe seguir tu huella,
no supe, no pude,
colgarme de semáforos,
saltar por los techos,
detener el tiempo, el mundo, detenerme.
Este tiempo fue oscuro;
una densa bruma cubrió el cielo y
el olor del pasado apestó la ciudad.
Fue inevitable pensar en aviones,
en mares negros y fríos,
en noches interminables,
en luces apagadas y susurros.
En este tiempo,
aquellos años parecen volver;
los lobos siguen allí,
aguardan la luna para cazar otra vez.
Pero no puedo esperar más,
es hora de creer,
imaginarte en algún lugar,
gritar tu nombre hasta que aparezcas;
si no te encuentro, también yo habré desaparecido.

DETRÁS DEL MURO
No muy lejos existe un muro,
gigantesco, impenetrable,
un monstruo de acero y hormigón
creado para saquear un pueblo.
Allí un ejército de bestias
se desplaza por una ciudad en ruinas;
sedientas, insaciables;
criaturas de un imperio sin piedad.
Detrás del muro existió un país,
pobre, pequeño, como cualquier otro.
Sus hombres y mujeres se enamoraban,
los niños eran libres, soñaban con crecer.
Detrás del muro,
antes brillaba una tierra antigua.
Por las tardes, la arena jugaba en el desierto;
por las noches, la luna dormía en una mezquita.
Detrás del muro,
otro muro igual de infame:
los ojos del mundo y su indiferencia.

ESPERANZA
Ven conmigo a curar la ciudad,
no preguntes, no dudes,
no pongas excusas;
sé que no somos nada pero aún nos queda la ilusión;
súbete a esta alfombra,
hay mucho por hacer y
mi cobarde Aladino se ha ido sin luchar.
Mira allí abajo,
pregunta qué ha pasado,
dónde están todos,
¿Por qué se han resignado?,
¿Quién les ha robado los sueños?;
yo los recuerdo,
eran hermosos,
estarán perdidos, todavía esperando,
diles que volverán,
que no pierdan la fe,
miente si es necesario;
di, por ejemplo, que la muerte se ha rendido,
que las armas ya no existen y
que los muros se han derribado;
que hay nuevo mapa,
un mundo nuevo,
sin fronteras,
sin tiranos,
un lugar donde seremos iguales;
que no pierdan más tiempo,
que salgan ya de sus casas y
traigan sólo lo importante;
pero si aún no se atreven,
si el temor los paraliza,
si no creen tus palabras y
se burlan de ti,
que jamás olviden que has pasado,
no cierres la ventana al salir;
que tu luz los estremezca al despertar.