LLEVAD MI VOZ HACIA EL MAR (GLOSA)

¡Ay madre.! qué desconsuelo,
tengo con este sentir...
El alma, siento morir
y mi corazón es hielo.
No duermo y tengo desvelo
cuando me encuentro en la sierra.
¿Sabes, madre, qué me aterra?
Que aquí, en la serranía,
a mi mar, no más vería
si mi voz muriera en tierra.

¡Ay madre!... que yo quisiera
que si es mi voz apagada,
en silencio y tan callada,
porque mi vida perdiera,
que todos me lleven fuera.
Para mi voz escuchar
y otra vez pueda cantar,
no me dejen tierra adentro,
que para un feliz encuentro,
llevadla al nivel del mar.

¡Ay madre.! qué miedo siento
a que mi voz quede sola
sin que se acerque la ola
para llevarse mi aliento.
¡Quiero que lo empuje el viento!
No dejes que aquí me muera,
ni mi fosa en la ladera.
Llevad a la mar mi voz
-que querrá llegar veloz-
y dejadla en la ribera.

 

 

EL FUEGO Y EL MAR

Estoy en la playa
y cerca del agua, me tumbo en la arena.
El sol a mis ojos,
los deslumbra y cierra.
Ahora no hay nadie, tan solo tu y yo
y el calor aprieta.
Ya todo nos sobra.
La playa desierta.
Desnudos los dos,
me mira, te miro con mirada inquieta.
Y estando encendidos,
el agua nos besa.

Quietos en la orilla, cada vez más ascuas,
cada vez más cerca.
Rodillas hundidas y arenas mojadas;
cuerpos reflejados en la tarde inmensa.
Vueltas y más vueltas, mientras que la ola,
nos lame traviesa
queriendo apagar
nuestra gran hoguera.

Desde abajo veo sonrojo en tu cara,
fuego en tu mirada. tu boca que tiembla.
Eres jardinero que con todo amor
a tu rosa riega,
mientras que mi cuerpo todo estremecido,
con amor acoge esa lluvia fresca.

¡Te quiero, te amo!

Me estremezco entera.
No hay nadie en la playa.
Solo somos uno con almas gemelas
Uno en ese mar. Un mar impotente,
que apagar no puede las ascuas que queman.

 

 

 

¡CUÁNTO TE QUIERO!

 

Era yo un río con su cauce errante;

era ese cielo sin estrellas de oro;

fuego sin ascuas, que se fue apagando

cuando te fuiste.

 

Ocre se erguía, sobre el suelo, mi árbol

en el otoño de una vida inquieta,

cuando mis hojas a buscar se fueron,

ramas perennes.

 

Tú eras un roble con su fronda verde

que al ver el llanto que de mí salía

fuiste a mi encuentro con alegres cantos.

Eras mi amado.

 

Vi que las nubes con la brisa huían

cuando tu boca pronunció mi nombre.

Un fuerte abrazo con un beso tierno

fue tu regalo.

 

Mira mis ojos que ahora están brillantes,

por la ternura que de ti me llega.

Gritan las aves, a la vez conmigo:

¡Cuánto te quiero!

 

 

 

 

 

AMOR.

I

Ven pronto, amado,

que el verano se avienta

y llega el frío.

 

II

Cual mariposa,

revoleteo, amor,

tras de tu néctar.

 

III

Siempre es de noche,

-aunque el sol me ilumine-

si tú no estás.

 

IV

Árbol sin savia.

Así será mi amor

si no lo riegas.

 

V

Es primavera,

cuando posas tus labios

sobre los míos.

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