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Premio de poesía Ciudad de Salobreña, el poemario en haykus de María Jesús Rodríguez Barberá, con un total de 99 versos pentasílabos y otros heptasílabos, distribuidos en forma de tercetillos, como ya el nombre nos hace suponer, es un alegato de la importancia de la naturaleza, más aún si esta consideración va entreverada de amor:
"¿Eres jardín? /Siento tu aroma entrar/ por mi ventana. ¿Eres mi bosque? /Siento gritar tus árboles:/ ¡ Cuánto te quiero! ¿Eres el fuego? / Se acerca el crudo invierno./ Funde mi escarcha".
La justeza que procura la poeta pone de manifiesto una exaltación de los elementos pero dentro de una trama afectiva: "Si el alma llora/ el silencio se adueña/ de tu universo. Me gusta el mar/ Él nunca está en silencio.../ te arrulla o ruge".
No faltan los personajes mitológicos para completar esta visión de simbiosis de lo emotivo con lo simbólico, dentro siempre de un contexto donde las fuerzas telúricas siguen teniendo su protagonismo:
"Fuerte eres, Atlas./Miles de estrellas brillan/ si todo es caos. /Dile, Afrodita, a mi amor que es invierno/ y siento frío./ Apolo, envíame/ un rayo de tu luz/ cuando haya niebla".
Sencillos y rodantes como una corriente de agua clara y ligera, estos haykus, merced a su liviana estructura, proporcionan una entretenida lectura, tanto por la pasión amorosa como por la descripción de un entorno casi de "locus amoenus" -lugar agradable-, como diría un clásico, en el que no falta el "carpe diem" del amor vivido fugazmente.
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