LA CIUDAD Y LOS LUNES

 

La ciudad tiene días, como todos.

Los lunes siente desazón, se aflige

por el tedio inicial de la semana

y el batallar profundo con el sueño.

 

Cada lunes propicia frustraciones

y en los lunes se extinguen utopías.

Con ellos se confirma lo imposible:

ignorar la insistencia de las horas

marcadas a traición por las agujas

de la infidelidad de los relojes,

y tan sólo atender a los susurros

de ese tiempo biológico y sincero

que lleva cada uno en su interior.

 

Así que la ciudad,

humana y solidaria,

se deprime los lunes

como un hombre cualquiera.

 

Del libro Nosotros (1989-2000) , colección La Caja Literaria,  CajaCanarias/La Página Ediciones, Tenerife-Madrid, 2002

 

 

PASO DE AMOR Y PEATONES

 

El semáforo en rojo la detuvo

y ella puso su prisa en punto muerto,

amazona en la grupa de su nueva montura.

 

Al ver que caminaba el hombre verde,

él lentamente comenzó sus pasos,

peatón solitario perdido entre la gente.

 

Supo intuir que ella lo miraba

sonriendo tras el casco blanco.

Ella sintió deseos de tentarlo

y tentó a la razón acelerando

un movimiento inútil de su mano

sobre el cilindro de la rienda suelta.

El ruido del motor fue una llamada

de seducción en medio de la calle.

Él se paró. Mirándola de frente

imaginó qué boca besaría.

Los ojos coincidieron. Al instante

ya hablaban de fugarse como amantes,

de abandonar la escena en plena calle,

de huir de la ciudad a la carrera

montados al galope de la tarde.

Todo a su alrededor les era ajeno

mientras permanecían en la espera

de responder a la pasión de un gesto

que el otro aventurara. No contaron

con la contrariedad de sus colores

cuando el tiempo se puso intermitente

por esa impertinencia tan urbana

de cambiar el sentido de las luces.

A él le acobardó la cobardía

inmóvil y encarnada de aquel hombre

que esperaba sumiso en la otra acera.

Ella no concibió que el disco verde

se encendiera esa vez sin desearlo.

Las pitas estridentes de los coches,

ignorantes y tercas, sin respeto,

impusieron la vida con su grito.

Y no hubo más remedio que aceptarla.

 

Él siguió su camino cabizbajo,

odiando de reojo al hombre rojo.

Ella puso en su Honda la primera

y arrancó

rompiendo a trozos el destino roto.

 

Presentir el amor jamás detiene el tráfico.

 

(Cuando él supuso una sonrisa oculta,

ella en verdad le estaba sonriendo

dentro del casco blanco).

 

             Del libro Nosotros (1989-2000) , colección La Caja Literaria, CajaCanarias/La Página Ediciones, Tenerife-Madrid, 2002

 

 

RIEGO NOCTURNO

 

Cuando el camión de riego

dobla por fin la esquina,

deja un olor a soledad en la acera.

Y al cesar tanta lluvia

furtivamente intensa y repentina,

el agua chorreada en el pretil

forma un río que arrastra los silencios

hacia la alcantarilla.   

   

Allí la ciudad vierte

los sueños olvidados de ese día.

 

[inédito]

Fernando Senante

 

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