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Sobre los encuentros Ciudad y literatura (sostenibles)
Del 9 de octubre al 30 de noviembre de 2006 se celebró en Santa Cruz de Tenerife el ciclo de encuentros Ciudad y literatura (sostenibles) , con un amplio programa que alternaba charlas, lecturas, mesas redondas, recitales poético-musicales y muestras audiovisuales, además de otras actividades paralelas de cine, música y arte; con más de cuarenta participantes, entre escritores, poetas, críticos literarios, profesores de literatura, arquitectos, periodistas, cineastas, artistas, músicos.
El ciclo fue una iniciativa del Organismo Autónomo de Cultura del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, y tuvo el carácter de actividad académica de la sede en Tenerife de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP).
Del texto de presentación del ciclo, reproducimos lo siguiente: " La transformación y el desarrollo de nuestras ciudades, a partir de sus complejas relaciones y realidades, y de las circunstancias cambiantes que en ellas se producen, generan problemas que no deben abordarse exclusivamente desde la técnica de la planificación o desde la reflexión teórica (sea ésta urbanística, sociológica, económica, ambiental, estadística,.), sino mediante la confluencia de múltiples visiones más cercanas al sentir de los ciudadanos. (.)
En ese acercamiento, la literatura puede ayudarnos a profundizar en la comprensión de ese lugar compartido y de nosotros como ciudadanos y como personas que conviven con otras en espacios urbanos identificables, sean realidad o ficción, construcciones o proyectos, memoria o deseo. "
Al encontrar la ciudad
Cuando el 30 de noviembre de 2006 finalizó en Santa Cruz de Tenerife el ciclo de encuentros Ciudad y Literatura (sostenibles) , algunos no sabían qué harían los siguientes lunes por la tarde. Cantándole a la ciudad que los albergaba, concluían dos meses de encuentros.
La primera jornada que intentó conciliar la palabra y lo urbano parecía lejana: el 9 de octubre. La abrió José Carlos Rovira, catedrático de Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Alicante, hablando de las "ciudades interiores" que crea cada uno a partir de un espacio real al que le va añadiendo vivencias personales, lecturas, recuerdos más o menos ciertos, y las ficciones que uno proyecta en su ciudad y terminan mezcladas con la realidad. Pero a la salida, tras su recital, el poeta Joan Margarit buscaba con el mapa de la inocencia aquella " Isla del tesoro" que recordaba desde sus años juveniles en Santa Cruz como "lo más parecido al paraíso".
Una semana más tarde, en el corrillo que se forma después de toda charla, el escritor y viajero Xavier Moret matizaba sus palabras sobre la necesidad de leer "cuánto más mejor" antes de partir a un lugar, porque " el viaje también debe ser una sorpresa "; mientras que Juan Carlos Mestre preguntaba por qué le habían invitado -a él, a sus poemas, y a su acordeón-, si en todos sus libros sólo hablaba de "una casa roja [.] refugio de los hombres imprescindibles" . (Se ve que a Mestre las ciudades tampoco le importan demasiado: en sus geografías sólo aparecen " los lugares que sólo pueden existir a través de la poesía" ).
La ciudad empezó a tomar los ritmos de Baudelaire, de Whitman, de Breton,... que los arquitectos literatos, como Maurici Pla, citaban con familiaridad. El escritor Luis Alemany preguntaba si se había alargado demasiado con Chejov y eso de hablar de tu barrio para hablar del mundo. Anelio Rodríguez Concepción se despedía con prisa (lógico, pues había recitado " Poemas de la guagua" ), y Cecilia Domínguez se quedaba "sólo un ratito" y sonreía con el reposo de los que vienen de visitar las ciudades italianas.
A la salida del concierto tanguero del Cuarteto Cedrón había más gente que de costumbre. Con la mirada perdida entre las calles de Buenos Aires, anotaban la dirección del Café de las ciudades .com).
El artista Claudio Zulián, después de mostrar su documental L'avenir y antes de proyectarse su película Beatriz/Barcelona, defendía su opción de pasarse al audiovisual para "contar la ciudad", como en sus acciones en el barrio del Carmel de Barcelona. Juan Gopar estaba encantado de tener oídos para escuchar las verdades que duelen: esas que señalan la responsabilidad de nuestros actos en la ciudad.
Al acabar el homenaje al poeta y pintor Manuel Padorno, fallecido en mayo de 2002, se iluminó en el aire la satisfacción que siempre provoca la justicia, y bullía en la luz la dolorosa alegría de recordar a los amigos.
Gilberto Alemán, ya sin micrófono y con cariño, acusaba de "intelectuales y expertos" a sus compañeros de tertulia sobre la isla imaginaria (o no) de San Borondón, y fue nombrado por ellos Cónsul honorario de la isla que "sólo existe a veces" .
A los escritores les pasan cosas raras: pese a su solidez literaria, a Carlos Pinto Grote y Rafael Arozarena se les vio un poco perdidos tras su intervención. Como en un cuento de Borges, al salir del Espacio Cultural de la calle de La Luna, sede del ciclo, se encontraron en otra ciudad. Minutos antes paseaban por el Santa Cruz de su memoria. Y al cruzar la puerta, de nuevo en este tiempo, salieron a unas calles sin apenas tiempo para emocionarse.
A veces son ellos mismos quienes se contradicen. José Ángel Cilleruelo, en su recital con el grupo Poemus (junto a Rubén Díaz, Carlos Pinto Grote, Fernando Senante) sentenció " un hombre es la ciudad en la que viven otros hombres ". Pero al acabar, preguntó enseguida dónde estaban las librerías. Y Sabas Martín, parecía preocupado, como el que acaba de confesar un secreto, al revelarnos en su segundo turno la gramática de las ciudades . Como si fueran actores, los jóvenes preguntaban "¿qué tal he estado?". En cambio, la escritora y catedrática Alicia Llarena, sabía lo que decía al afirmar que "la ciudad está escrita" , antes de regresar a la isla de enfrente con su compromiso y su firmeza continental.
Así pasaron dos meses, con más poemas, relatos, imágenes, músicas,..., que subrayaban la ciudad como hábitat cultural del hombre. Y al terminar este ciclo, todos tenían cara de duda. Desde su director Fernando Senante (poeta y urbanista), hasta uno que pasaba por allí y se quedó a ver de lo que hablaban. Al salir por la puerta del último encuentro, los barrios se habían convertido en novelas, las calles tenían la medida de un verso. Y ya no se sabía qué debíamos sostener: si la ciudad o su literatura.
Alberto Senante*
* Alberto Senante es Licenciado en Ciencias de la Información y formó parte del equipo de organización y comunicación de los encuentros Ciudad y literatura (sostenibles). Actualmente, mantiene en la red Visiones, un diálogo desde las ciudades de Florencia y París (en la dirección: proyectovisiones.blogspot.com).
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