HACIA LA MAR
omnis et una
dilapsus calor atque in ventos vita recessit.
VIRGILIO. Libro IV de la ENEIDA
Se le enredaba el aire a la mirada
mientras el tiempo anclaba entre la arena.
Todo dejó de ser, menos la pena
que la inundó de paz desesperada.
Tuvo sólo el azul como llamada
de cielo y mar, abiertos por la vena
que lleva al corazón la íntima escena
de la caricia eterna de la nada.
Corre la tarde en busca de consuelo
y es la brisa salmodia en verso triste.
Se desata la vida. Corta el lazo.
Y mientras pasa el mundo como un vuelo,
poco a poco la muerte la desviste
y las olas la brizan en su abrazo.
Del libro "La mirada del aire". Ediciones Tepemarquia, 2006

ALBA INTERIOR
Negarle a la mirada la salida
hacia el color del mundo, regresarla
muy lenta, dulcemente, a los umbrales
donde la luz es blanca todavía.
Del libro "El color de las horas", Premio Pastora Marcela 2006 del Ayuntamiento de Campo de Criptana

DESCANSAN SILENCIOSAS
Descansan silenciosas las cosas, y ateridas,
sobre la tumba abierta del frío del espejo.
Apátridas y oscuras, las sombras entretejen
los húmedos desvanes del tamo y de los sueños,
y tú bajas de octubre como una mustia mano
en busca de la lluvia perdida de mi centro.
Calmos tus ojos bajan, se posan en los míos
con la caricia inmensa del sol de los secretos.
Tus ojos deshojados. Del mar y las tormentas
saben tus hondos ojos,
saben tus ojos lentos.
Del libro "Otoño", Premio Antonio Alcalá Venceslada del Excmo. Ayuntamiento de Andújar, publicado en 2007

SIN ASIDERO
Hacia dónde las manos que se pierden
van,
a qué asidero
de certidumbres buscan aferrarse,
en qué regazo descansar podrían
de tanta desazón que las enlaza.
En su vagabundeo sólo encuentran
un barrote de frío y de silencio
al que se inclinan,
o si acaso un aire
donde -palomas con las alas rotas-
dejan volar su triste desvarío.
Son estas manos pálidas que palpan
el vacío sin fin
las que segaban
las hierbas y los trigos, o traían
la sal a casa, el pan y la caricia,
y sabían de miedos y ternura, de marzos fríos y de días pobres.
Son estas flacas manos abrasadas
por el incendio contumaz del tiempo
las que buscan un puerto en su deriva,
una tregua tan sólo
en este instante
de dolor y de sueño en que se ahogan.
(Del libro "La mirada del aire", Ediciones Tepemarquia, 2006)
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